martes, 19 de enero de 2010

Opinión. Curas. Paco Déniz


Creo que la mejor manera de pasar de algo es no mentarlo, pero la iglesia es como el moco de la propaganda, se te pega con compactuna. No hay manera de olvidarte de los curas desagradablemente ateados y de sus endemoniados sermones. Y por si alguien tenía alguna duda de cómo se las gasta la derecha religiosa española, está Munilla para aclararla. Famoso por su entrada con calzador en la diócesis de Donostia, entiende que los problemas espirituales son peores que la catástrofe de Haití. Si este ser, que no puede ser, dice eso sobre semejante catástrofe humanitaria, qué no dirá sobre los temas clásicos de su Iglesia: homosexuales, juventud, mujeres, alevines, etc.

Su presencia en las Vascongadas responde al esfuerzo unitario de la derecha española por aniquilar la actitud soberanista de la mayoría de los vascos y, de paso, reforzar al actual gobierno de López y Basagoiti. Curas trabajando duro, codo con codo para cohesionar y envalentonar a los feligreses que añoran el bombardeo de Guernika. Su misión particular consiste en elaborar una lista negra de curas rojos. Pero, además, Munilla es un provocador. En un puesto político como el que ostenta no puede pasar desapercibido, debe hacer bulla, mucha bulla, toda la que pueda. Para eso lo han puesto ahí, para sacar de quicio a todo tipo de demócratas y personas de buena voluntad. Y para ello se ampara en la maltrecha espiritualidad del personal como explicación del deterioro de nuestras vidas y de algunas calamidades que nos pasan como a los haitianos. Más allá del paro y los terremotos, habría que considerar si lo que le pasa a la gente no será por falta de rezo o, como dijo su homónimo norteamericano, porque han pactado con el demonio. Eso fue lo que le pasó a los haitianos: que pactaron con el demonio y el señor los castigó. En EEUU, las altas alcurnias hacen un Desayuno de la Oración para que padre Dios no los castigue, y el artista invitado este año será Zapatero. Sinceramente, me importa un carajo con quién desayune Zapatero y Obama y el propio Munilla, los padrenuestros y los avemarías que recen y las ostias que se manden; lo que verdaderamente me preocupa es que tengamos que mantener con dinero público a una panda de fascistas confesos con sotana. Me preocupa el misterio que impide a un socialista reconsiderar y anular los acuerdos del 78 con Vaticano. ¿Quién le tiene miedo al lobo? La cosa está clara, si el diálogo y la concordia dependieran de tipos como Munilla y Rouco, detrás de cada Iglesia habría una tapia para fusilamientos de rojos, y un brasero para las rojas.