lunes, 22 de marzo de 2010

Opinión. Cuba: La paja en el ojo ajeno y la viga en el propio. José Hernández Martín.


Cuando el disidente cubano Orlando Zapata murió en un hospital de La Habana por una serie de complicaciones médicas, agravadas tras pasar 86 días en huelga de hambre, comenzó una campaña mediática que puso en el punto de mira al gobierno de la Isla, culpándolo de esta muerte y de la supuesta represión practicada hacia toda la oposición. Sí se analiza el caso con detenimiento, nos daremos cuenta enseguida de que las acusaciones de haberlo dejado morir son del todo falsas.

A Zapata se le trasladó al mejor hospital de Cuba, donde fue atendido por los mejores médicos de la Isla. Existen vídeos donde se puede ver a la madre del disidente agradeciendo al equipo médico todo lo que habían hecho por su hijo. Luego, esta madre cambió el discurso, acusándoles de no haber hecho nada por salvarlo. En realidad, ningún ser humano podría aguantar 86 días en huelga de hambre sin atención médica y sin recibir administración de líquidos.
Orlando Zapata era un preso común, bastante violento, que una vez dentro de la cárcel se convirtió en opositor al régimen. Mal aconsejado por la disidencia cubana, decidió ponerse en huelga de hambre exigiendo beneficios penitenciarios que nadie recibe en las cárceles cubanas, ni en las de ninguna otra del mundo. No parece de recibo, ni en Cuba ni en ningún sitio, que una persona encarcelada exija una televisión, un teléfono personal y una cocina (entre otras cosas) dentro de su propia su celda. Hoy sabemos que la disidencia cubana, más que preocuparse por el estado de salud de su supuesto compañero, estaba muy interesada en convencer a la madre para que diera una rueda de prensa el mismo día que falleciera su hijo, culpando a las autoridades cubanas de su muerte. Clara demostración del “auténtico” interés de los anticastristas por la salud y la vida de este supuesto preso de conciencia.
Lo que la mayor parte de la prensa occidental vende como presos de conciencia no son más que individuos que han cometido delitos tales como actos violentos, colaboración con una potencia extranjera en actividades contra el propio país, o sabotajes. Se trata de hechos que en cualquier estado del mundo están tipificados como delitos muy graves, y que resultan castigados como tales. En cambio, para el caso de Cuba, la prensa internacional los califica como opresión contra la disidencia.
El trato hacia Cuba de la prensa internacional (liderada, por cierto, por la del Estado español) resulta vergonzoso y responde mucho más a intereses empresariales y corporativos que a la búsqueda de una información veraz e imparcial. Por ejemplo, un caso como el desalojo para su propia seguridad de Las Damas de Blanco, se difunde como un ataque violento de la policía cubana; la muerte (siempre lamentable) de un preso en huelga de hambre –el primero en medio siglo de Revolución Cubana-- se convierte en una noticia que ocupa portadas durante días. Por desgracia para estos medios tan parciales y sesgados, hoy en día existe internet y los vídeos que permiten comprobar toda esta falsedad están al alcance de cualquiera. Y se demuestra con hechos que en Cuba no se detiene a nadie por sus ideas, sólo por sus acciones cuando éstas constituyen un delito contra la sociedad. Ahora mismo, la huelga de hambre que lleva a cabo el disidente cubano Guillermo Fariñas se retransmite para todo el mundo a través de gran cantidad de medios que recogen sus impresiones y sus críticas al gobierno, día sí y día también. De igual modo existe un bloguera llamada Yoani Sánchez que utiliza desde Cuba un espacio en internet para atacar al gobierno con total impunidad, y que además entra y sale de la Isla para recoger los premios que le otorgan por su acción opositora. ¿Son estos los rasgos de una dictadura opresora y violenta?
Cuando se quiere poner como ejemplo a la democracia española, parece que se olvida que en este Estado se dejaron partidos fuera de la ley por el simple hecho de tener una orientación política que no gusta, escudándose en una ley de partidos injusta y que permite ilegalizar a la carta. Mientras la izquierda vasca abertzale es ilegalizada, en el conjunto del Estado se presentan a las elecciones partidos nazis o la organización heredera de aquella que dirigió la dictadura durante 36 años. No hace falta recordar que tanto en el Estado español como en el resto de la Comunidad Europea existen datos constatados de maltrato y tortura a presos políticos. De igual manera que algunos medios utilizan los informes de Amnistía Internacional para acusar a Cuba en estos días, sería bueno que difundieran también la parte en que se habla de la Unión Europea, las torturas y la libertad de expresión cada vez más restringida en Europa. En fin, que la campaña llevada a cabo por los principales medios de comunicación hostiles a Cuba contra el actor Willy Toledo y el cantante Miguel Bosé por ejercer su derecho a la libertad de expresión, sumado a la censura a las fotos que denunciaban la corrupción urbanística en Valencia o el vídeo documental sobre el estado de las costas (encargado por el Ministerio de Medio Ambiente y luego censurado por éste), hacen que la democracia española no sea el mejor espejo donde mirarse.
La situación en Cuba tras 50 años de bloqueo no es la que nadie desearía, incluidos sus propios dirigentes. Este bloqueo criminal que afecta a la Isla y que ha sido condenado muchas veces por la Asamblea de Naciones Unidas, implica que este país no haya podido decidir su futuro con plena libertad. Con sus éxitos y sus fracasos, Cuba es hoy el único país subdesarrollado que puede mostrar que no existe analfabetismo, que tiene un sistema de sanidad público y gratuito para toda la población, que presenta la tasa de mortalidad infantil más baja de América Latina y la segunda (por detrás de Canadá) de todo el continente. Cuba tiene la esperanza de vida más avanzada de toda América. Cuba es el principal “exportador” de médicos a las zonas devastadas por catástrofes naturales del mundo. Y Cuba es, desde 1959, el único país de América Latina donde jamás se ha torturado a ningún preso, y donde no se ha producido ni un solo caso de personas detenidas y desaparecidas. Estos y otros logros se deben a una revolución que logra persistir a pesar de los obstáculos impuestos, y a una población que quiere decidir su futuro en paz, sin injerencias externas. En efecto: dejemos a Cuba en paz y centrémonos en nuestros problemas, que no son pocos.