lunes, 28 de marzo de 2011

Opinión. Lo triste de aprender a golpes. José Hernández.


Tuvo que ocurrir una desgracia como la de Japón para que el mundo se diese cuenta que la energía nuclear no es tan segura y limpia como muchos de los pronucleares presumían.

La implantación de plantas nucleares para producir electricidad en una isla como es el caso de Japón, era vista como un ejemplo para garantizar la supuesta seguridad de este tipo de energía. El nivel de modernidad de las plantas nucleares japonesas, hacía presuponer que a pesar de que el país está ubicado en una zona de borde de placa, por lo que contaba de antemano con un riesgo constante de terremotos o maremotos, no existía riesgo alguno para la población.
Estos días ha salido a la luz que en los últimos 30 años, un país tan organizado como Japón no había hecho sino 3 pruebas a sus centrales para comprobar la resistencia a este tipo de contratiempos. Hoy se recuerda el dramático accidente de Chernobyl, en la antigua Unión Soviética, achacando este accidente a la falta de mantenimiento de las centrales soviéticas, y perjurando que una catástrofe de tal magnitud, nunca volvería a ocurrir.
Por otro lado, vemos que el estado español, paga a su homólogo francés 65.000 euros diarios, de los residuos radioactivos que genera la central de Vandellós, residuos como son los de alta intensidad que tardarán 20.000 años en dejar de ser peligrosos, y se busca una ubicación para colocar un cementerio nuclear en España, lo cual lógicamente cuenta con una fuerte oposición. Algunos emplazamientos posibles son: Palencia, Valladolid, Soria, Guadalajara, Cuenca, Valencia, Cáceres y Lleida. Algunas de estas provincias, como el caso de la catalana, no están en absoluto exentas de riesgo sísmico. Entre otros motivos relacionados con la conservación, las plataformas opositoras a este tipo de instalaciones alegan la inseguridad que supone disponer de un almacén radiactivo que mantendrá a la población en constante estado de alerta, y que únicamente servirá para almacenar para siempre residuos que ya no servirán para nada. Éste es un problema irresoluble. Si se genera electricidad a partir de las nucleares, se seguirán teniendo que buscar alojamientos a los residuos.
En Canarias, llevo días mirando los periódicos para leer las declaraciones de un autodenominado experto en la materia, como es el caso de Benicio Alonso, que proponía la implantación de pequeñas plantas nucleares en las islas, poniendo como ejemplo precisamente el país oriental. Pero a pesar de que he mirado, no he encontrado sus últimas declaraciones sobre el tema, sólo su mesías, José María Aznar y su grupo de presión neoliberal FAES ha dado la cara y ha seguido defendiendo la energía nuclear a pesar de que en su partido lleven días escurriendo el bulto.
Pero la amenaza radiactiva de Canarias no está únicamente en la cabeza de algunos iluminados como el señor Alonso, sino muy cerca, en Marruecos, donde el “primo” del Rey Juan Carlos, el asesino Mohamed VI, adjudicó a Francia en 2007 la construcción de una central nuclear en la ciudad de Sidi Boulbra, a 230 km de la costa de Lanzarote, en una zona también bastante proclive a padecer riesgos sísmicos.
Lo más triste de todo esto, es que tengamos que llegar a extremos como esta catástrofe, para darnos cuenta, que esos a los que algunos han tachado de “terroristas sociales”, tenían razón. Ahora me pregunto lo siguiente, ¿esperaremos a que ocurra algo parecido con alguna de las regasificadoras existentes en el mundo para hacer callar a Paulino Rivero, en su empeño de contentar a los empresarios afines con la implantación del gas natural en Canarias, que por otra parte, también se encuentra en una zona de riesgo volcánico?