(Leído al finalizar la manifestación en Santa Cruz el día 17.01.09)Desde la limpieza étnica acometida en Palestina por el movimiento sionista y el Ejército israelí, hace ahora seis décadas, nuestra historia más reciente ha estado marcada por este drama. Entonces éramos invisibles, no existíamos; luego nos disfrazaron de nómadas, sin aparente arraigo y asentamiento en una tierra; después nos definieron como un problema meramente humanitario, sólo éramos refugiados en busca de cobijo; más tarde, en plena Guerra Fría, se nos asoció con la amenaza comunista; y ahora, en la etapa de la guerra global contra el terrorismo, nos transforman en un problema de seguridad para la potencia colonial y militar que ocupa nuestra propia tierra desde entonces.
La tragedia del pueblo palestino, decía el escritor libanés Salim Nassib, residía en que su realidad (la existencia de Palestina) se transformó en una ficción (Palestina dejó de existir), al mismo tiempo que una ficción (el sueño colonial del movimiento judeo-sionista en Europa) se transformó en una realidad (en el actual Estado de Israel). Así que donde estaba Palestina está hoy Israel; y donde antes había aldeas palestinas ahora hay un parque temático o un hipermercado o una zona residencial israelí; y los nativos árabes palestinos, que poblaban las aldeas y ciudades de lo que entonces era Palestina, ahora viven, con sus descendientes, hacinados en los campos de refugiados dispersos por Cisjordania, por Siria, por Jordania, por el Líbano, pero también por Gaza, por esos mismos campos de refugiados que bombardea indiscriminadamente el Ejército israelí.